Estrategia de contigencia
- Leonardo Levinas

- 10 dic 2025
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 11 dic 2025
Nos ardía la sangre. Ese ministro no podía seguir un día más. Había recortado, ajustado, despedido y encima sonreía como si nos hiciera un favor. Convocamos a una marcha urgente. Íbamos con rabia, con carteles hechos a mano, con ganas de gritarle en la cara todo lo que pensábamos.
Pero al llegar, éramos doce. Trece con el perro de uno que vino por compromiso. Ni los autos tocaban bocina. Ni una puteada recibimos para que abriésemos el paso. Peor: la policía nos miraba con lástima.
Hicimos una ronda improvisada —sin micrófono ni batucada— y alguien, no recuerdo quién, dijo: “Si seguimos así, no se entera nadie. Propongo lo contrario: gritemos a favor del ministro. Que parezca que este es todo su apoyo”.
Nos miramos. Dudamos. Pero lo hicimos. Bajamos los carteles, dimos media vuelta, ensayamos sonrisas resignadas y empezamos a corear consignas entusiastas y con más fuerza que las anteriores: “¡Vamos ministro, aguante el ajuste!”.

Al rato, un par de cronistas nos comenzaron a filmar desde lejos, justo después de haber producido nuestro giro ideológico, y esa misma noche todos los noticieros coincidieron: “Escaso apoyo al Ministro de Economía”.
A la mañana siguiente lo echaron.



Comentarios