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El sospechoso de la Linea A

  • Foto del escritor: Leonardo Levinas
    Leonardo Levinas
  • 8 jul
  • 2 min de lectura


En la estación Lima de la línea A de subte, las cámaras de seguridad detectaron a un

individuo sospechoso: estaba sentado junto a una ventanilla del tercer vagón, con un libro

abierto entre las manos.

Al descender en la estación Puán, dos agentes lo estaban esperando en el andén. Se

acercaron con una cortesía ligeramente exagerada.

—Disculpe, señor —dijo uno—. ¿Podemos hacerle unas preguntas?

El hombre asintió.

—¿Por qué lleva ese libro?

La pregunta lo desconcertó más que inquietarlo.

—Para leerlo —respondió, conteniendo con cierto esfuerzo la tentación de decirlo con

ironía.

Intervino el otro agente:

—¿Tiene teléfono celular?

—No.

—¿No tiene… o no lo lleva encima?

—No tengo. Me lo robaron hace unos días. En este mismo subte.

Los agentes intercambiaron una mirada breve, casi imperceptible.

—Entendemos —dijo el primero—. ¿De dónde obtuvo el libro?

—Lo compré en una librería.

—¿En cuál?

El hombre dudó. No recordaba el nombre. Describió vagamente una zona, una vidriera,

una mesa de saldos.

—¿Conserva algún comprobante?

—No.

Uno de los agentes extendió la mano.

—¿Podría entregarnos el libro?

El hombre, ahora más inquieto que desconcertado, apenas dudó antes de soltarlo.

El agente lo hojeó mecánicamente, sin detenerse en ninguna página. Se lo pasó al otro,

que lo sacudió suavemente, como esperando que cayera algo de su interior.

—¿Lo está leyendo ahora? —preguntó.

—Sí.

—¿Puede decirnos de qué trata?

El hombre vaciló. Miró el libro, como si la respuesta estuviera ahí, disponible pero

inaccesible.

—No sabría decirle exactamente —dijo—. Es… difícil de resumir.

En ese momento apareció un policía de civil, sin que nadie advirtiera de dónde venía.

Había escuchado lo último que se había dicho.

—¿Desde cuándo lo tiene? —preguntó.

—Desde hace unos días.

—¿Y desde entonces lo está leyendo?

—Sí.

—¿Y todavía no puede decirnos de qué trata?

El hombre no respondió enseguida.

—Para eso lo estoy leyendo.

El de civil tomó el libro con cierta brusquedad, lo hojeó con desprecio y lo cerró sin mirar

la tapa.

Con fastidio e impaciencia, hizo una seña breve.

—No vamos a esperar a que lo termine.

Los agentes lo tomaron del brazo. El de civil los siguió con el libro en la mano.

Fue detenido por uso y tenencia irregular de material de lectura.



 
 
 

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©2021 Marcelo Leonardo Levinas

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